Tiempo Ordinario
Detente aquí.
Dios escucha.
Ábrete.
Prepárate.
¡Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra! Con alegría adoren a Dios; ¡con gritos de alegría vengan a su presencia! Reconozcan que Jehová es Dios; nos hizo y somos suyos; ¡somos pueblo suyo y ovejas de su prado!
Salmo 100:1-3
En una reunión juvenil de miles de adolescentes, al grupo de jóvenes de mi iglesia se le asignó nuestra tarea de servicio del día: organizar miles de libros para la niñez. Esta tarea nos puso de mal humor, pues queríamos hacer algo más «sustancial», como construir una casa o reunirnos con mucha gente necesitada.
Empezamos a organizar lentamente los libros, y la directora del programa entró en la gran sala. Alborotada, exclamó: «¡Los niños y niñas se sentirán tan bendecidos por ustedes y por estos libros! Gracias por llevarles alegría».
Sus palabras nos hicieron reconsiderar rápidamente nuestras actitudes. De repente, canciones, bailes y risas llenaron la sala mientras revolvíamos, ordenábamos y apilábamos miles y miles de libros. Quizá en ese momento, recordamos que servir a Dios significa que puede haber gritos de alegría y celebración. Aunque al principio nos parecía que nuestra tarea era pequeña, se nos recordó que toda tarea es importante mientras servimos a Dios.

Bryan Jaster
Pregunta para reflexionar:
¿Cuándo has servido a Dios con alegría y celebración?
Dios, quiero servirte con alegría y celebración. Ayúdame a recordar que tú me hiciste y que te pertenezco. Es un don servirte. Amén.
Ya es hora.
Sirve ahora.
