Tiempo Ordinario
Cuando reconozco quién es Dios, le adoro con alegría, mi corazón se llena de gratitud, y confío que su presencia me acompaña cada día.
Canten a Dios una canción nueva; canten a Dios, habitantes de toda la tierra; canten a Dios, bendigan su nombre; anuncien día tras día su salvación. Hablen de su gloria y de sus maravillas ante todos los pueblos y naciones,
Salmos 96:1-3
Cuando algo bueno nos sucede, la tendencia es compartirlo con los demás. Recuerdo que, en una ocasión, un establecimiento tenía una oferta de batidas de frutas gratis al comprar una y llevar un amigo. Al enterarme, no dudé en anunciarlo a mis amistades. Muy pronto, el establecimiento se llenó de más y más personas que llegaron buscando la oferta junto a sus amigos. La noticia se difundió con rapidez, pues todos querían que otros disfrutaran de ese beneficio.
Si reflexionamos por un momento, Dios ha hecho grandes cosas en nuestra vida, comenzando por la salvación. Esta también es un regalo de Dios para nosotros. Está disponible y lo mejor de todo, no tiene costo alguno pues ya Jesús pagó el precio. La pregunta que debemos hacernos es, si tú y yo disfrutamos de la salvación, ¿por qué no compartimos esa buena noticia con otros y otras? Nuestra tendencia a guardarnos lo que Dios ha hecho. Pero podemos hacer la diferencia, cuando testificar se convierte en una tendencia.

Luis F. Campos
Pregunta para reflexionar:
¿Qué ha hecho Dios en tu vida recientemente?
Dios, gracias por el regalo de la salvación, ayúdame a hablar de lo que has hecho en mí a donde quiera que vaya. Amén.
Procura que todo lo que hagas, todo lo que digas y todo lo que pienses honre a Dios y refleje su gloria.
