Tiempo Ordinario
Cuando reconozco quién es Dios, le adoro con alegría, mi corazón se llena de gratitud, y confío que su presencia me acompaña cada día.
¡Que se alegren los cielos y la tierra! ¡Que brame el mar y todo lo que contiene! ¡Que se alegre el campo y todo lo que hay en él! ¡Que griten de alegría los árboles del bosque, delante del Dios, que viene! ¡Sí, él viene a gobernar la tierra, y gobernará a los pueblos del mundo con justicia y con verdad!
Salmos 96:11-13
Cada día trae sus desafíos y hoy no es la excepción. En medio de las responsabilidades, las preocupaciones y el ritmo acelerado de la vida, es posible que olvidemos la importancia de celebrar y agradecer con alegría todo lo que Dios ha hecho. El salmista comparte como la creación entera celebra y se alegra ante la presencia de Dios. Entonces, si los árboles del bosque y las olas del mar demuestran alegría delante de Dios, cuánto más nosotros que hemos experimentado su amor, su gracia y su salvación. A diferencia de la naturaleza, tú y yo hemos experimentado su fidelidad, su misericordia y sus cuidados. Hay un cántico que afirma: “Estoy cambiando mis problemas y mis ansiedades por la alegría del Señor”. ¿Cómo cambiaría el día de hoy si te concentrara en las bendiciones en lugar de en las dificultades? Pablo lo experimentó y afirmó “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Luis F. Campos
Pregunta para reflexionar:
¿Qué te motiva a alegrarte y agradecer a Dios en medio de tus circunstancias actuales?
Dios, ayúdame a alegrarme con lo que tengo y celebrar tus obras en medio de las circunstancias, afirmando así tu fidelidad cada día. Amén.
Procura que todo lo que hagas, todo lo que digas y todo lo que pienses honre a Dios y refleje su gloria.
