Tiempo Ordinario
«El discernimiento consiste en escuchar la suave voz del Amor».
– Henri Nouwen
Pero que todos los que te buscan se regocijen y se alegren en ti, y que los que aman tu ayuda salvadora digan una y otra vez: «¡Dios es grande!»
¿Y yo? Soy pobre y necesitado. ¡Date prisa en venir a mí, Dios! Tú eres mi ayuda y mi salvador. ¡Oh, Señor, no tardes!
Salmo 70:4-5
La sabiduría no nos da todas las respuestas; simplemente nos indica a dónde acudir cuando no sabemos qué hacer. La sabiduría permite al salmista de la lectura de hoy rezar: «Soy pobre y necesitado…Tú eres mi ayuda y mi salvador». La sabiduría reconoce con delicadeza nuestras limitaciones y nos recuerda que no tenemos que resolver los problemas de la vida solos.
Muchos de nosotros tendemos a buscar nuestra propia estabilidad interior corriendo hacia la certeza, buscando seguridad en un mundo que tantas veces se desvía hacia el caos. Pero el salmista nos recuerda que la primera decisión sabia que podemos tomar es admitir que Dios es Dios y nosotros no. A partir de ahí, podemos hacer una pausa para pedirle ayuda a Dios; esta humildad le da a la sabiduría el espacio suficiente para dar forma a nuestro siguiente paso. Hoy, no busques respuestas perfectas. En su lugar, busca formas de sentir la presencia de Dios: está contigo, siempre.
Antes de tomar una decisión hoy, haz una pausa y pregúntate simplemente: «Dios, ¿qué me ayudaría a sentirme más arraigado en tu amor?».

Holle Tubbs
Pregunta para reflexionar:
Cuando no sabes qué hacer, ¿dónde sueles buscar respuestas primero?
Dios de la sabiduría, ayúdame a escuchar tu voz, a confiar en tu amor y a elegir el camino que lleva a la vida. Amén.
La sabiduría crece cada vez que nos paramos un momento, escuchamos y elegimos el amor.
