Tiempo Ordinario

pausa

En el atletismo, “en sus marcas” es la señal que precede a todo. Detente. Respira. Colócate en posición. Dios tiene algo que decirte hoy. La carrera que importa está a punto de comenzar.

escucha

Dios, dígnate escucharme, porque estoy muy triste y pobre; protégeme, pues te soy fiel. Tú eres mi Dios; ¡salva a este siervo tuyo que en ti confía! Dios, ten compasión de mí, que a ti clamo a todas horas. Dios, alegra el ánimo de este siervo tuyo, pues a ti dirijo mi oración. Porque tú, Dios, eres bueno y perdonas; eres todo amor con los que te invocan.

Salmos 86:1-5

piensa

Cuando nadaba en el mar de Puerto Rico, había momentos en que la corriente te jalaba lejos de la orilla sin que te dieras cuenta. De repente levantabas la cabeza y la playa se veía pequeña. Las olas sonaban más fuerte. Pero si había alguien en la orilla mirando, sabías que no estabas solo. La vida a veces se siente así. Te metes tanto en servir, en dar, en cuidar a otros, que un día levantas la cabeza y no sabes bien dónde quedaste tú. La orilla se ve lejos. El alma también.

David escribe este salmo desde ese lugar. “Soy pobre y estoy necesitado,” dice. No finge. No actúa. Le dice la verdad a Dios. Eso es lo que hace alguien que confía en su entrenador. Le dice: “Estoy agotado. Necesito ayuda.”

Y Dios responde. Porque es bueno. Porque su amor es grande.

No importa qué tan lejos te haya llevado la corriente hoy. Dios te ve. Y está listo para sostenerte. La corriente nunca puede llevarte más lejos de lo que el amor de Dios puede alcanzarte.

Jesús García

Jesús García

Pregunta para reflexión:

¿Qué necesidad real le estás ocultando a Dios hoy?

Ora

Dios, tú me conoces mejor de lo que me conozco yo. Hoy te traigo mis necesidades sin pretender que todo está bien. Confío en que eres bueno y que me escuchas. Me entrego a tus manos. Amén.

Ve

Sal hoy con propósito. No corras solo. Corre con el equipo que Dios te dio, con los dones que Dios te entregó, hacia el mundo que Dios tanto ama. ¡En sus marcas, listos… ya!