Tiempo Ordinario
Dichosos los que buscan un lugar apartado donde descansar.
Tú calmas el estruendo de las olas y el alboroto de los pueblos; aun los que habitan en lejanas tierras tiemblan ante tus maravillas; por ti hay gritos de alegría del oriente al occidente. Tú tienes cuidado de la tierra; le envías lluvia y la haces producir; tú, con arroyos caudalosos, haces crecer los trigales. ¡Así preparas el campo!
Salmo 65:7-9
No hay nada como la emoción de una carrera reñida: finales de foto-finish, remontadas y puntos decisivos anotados justo cuando se acaba el tiempo. ¡En las victorias más improbables, reina el caos! Y luego, cuando el alboroto de la multitud se disipa y todo el mundo se va a casa, lo que queda es el silencio del asfalto o la calma tras el apagado de las luces del estadio. Como ser humano en todo esto, es natural sentirse decepcionado tras alcanzar tales alturas.
Sabemos que estamos corriendo una buena carrera, destinada a revelar la gloria y el poder de Dios. El salmista describe el asombro de quienes perciben esta revelación, pero la atención se centra claramente en la celebración de Dios. De entre el tumulto surge la meta: el reino de Dios llegado a la Tierra. Dios nos espera allí, dispuesto a contrarrestar la decepción con un renacimiento, riqueza y paz para la humanidad.

Jenny Oliver Hinderer
Pregunta para ponderar:
¿Cuál de las formas en que Dios celebra se parece más a tus propios hábitos a la hora de celebrar?
¡Dios victorioso! ¡Anímame hasta la meta, para que, al ver tu triunfo, podamos compartir juntos la alegría de una celebración por todo lo alto! Cuando la celebración llegue a su fin, gracias por el descanso que nos das. En tu nombre eterno, Amén.
A medida que pasen las horas del día de mañana, la calma y el ajetreo se alternarán.
Dios está cerca. Dios renueva. Instante a instante. Cada instante para el siguiente.
