Tiempo Ordinario
A tu señal: Estás aquí. Has aparecido. Eso importa.
Prepárate: Haz una pausa. Respira. Deja que tu corazón se ponga al día.
Quédate quieto un momento. Deja que el Espíritu se mueva.
Y escucha la verdad de Dios.
«Los que os reciben a vosotros también me reciben a mí, y los que me reciben a mí reciben al que me ha enviado. Los que reciban a un profeta como profeta recibirán la recompensa de un profeta. Los que reciban a un justo como a un justo recibirán la recompensa de un justo. Os aseguro que todo el que dé aunque sea un vaso de agua fría a estos pequeños porque son mis discípulos, será ciertamente recompensado.»
Mateo 10:40-42
Seamos sinceros: a todo el mundo le gusta una recompensa. Ganar algo. Que te reconozcan. Un trofeo, un título, incluso simplemente que alguien se dé cuenta de que has hecho un buen trabajo.
Pero Jesús da la vuelta a esa idea. Dice que cuando acoges a alguien, cuando te preocupas por él, aunque sea en cosas pequeñas, como darle un vaso de agua, eso importa. Aunque nadie más lo vea. Porque la recompensa no es un foco de atención. Es algo más profundo. Es vislumbrar el Reino de Dios. Un lugar donde guía el amor. Donde las personas son vistas y valoradas. Donde la bondad no es rara, sino normal. Donde hay paz, incluso en los momentos difíciles.
¿Y lo mejor de todo? No tienes que esperar a que llegue algún día para verlo. Cada vez que incluyes a alguien, dices la verdad o te muestras atento, estás entrando en ese tipo de mundo. Lo estás viviendo. Sin aplausos. Sin trofeo. Pero algo mejor. Consigues formar parte de la clase de vida en la que gana el amor. Y una vez que lo veas, no querrás otra cosa.

Brenda Thompson
Pregunta para reflexionar:
¿Qué crees que significa formar parte del Reino de Dios en tu vida cotidiana?
Dios, ayúdame a ver las pequeñas formas en que puedo cuidar de los demás. Enséñame a acoger, a fijarme y a amar como Tú lo haces. Recuérdame que incluso los actos más pequeños importan. Permíteme formar parte de tu reino, aquí y ahora. Amén.
Vete. Estás preparado.
Empieza a practicar hoy. Busca una forma sencilla de construir tu vida sobre Dios.
Empieza poco a poco. Presta atención. Observa dónde está actuando Dios.
Dios está contigo, siempre.
E incluso el más pequeño paso de fe puede empezar a hacer crecer algo fuerte.
