Tiempo Ordinario
Respiro profundo y me detengo en la presencia de Dios. Dejo a un lado mi propia prisa y abro el corazón para dejarme guiar por su verdad.
¿Quién se da cuenta de sus propios errores? ¡Perdona, Dios, mis faltas ocultas! Quítale el orgullo a tu siervo; no permitas que el orgullo me domine. Así seré un hombre sin tacha; estaré libre de gran pecado. Sean aceptables a tus ojos mis palabras y mis pensamientos, oh Dios, refugio y libertador mío.
Salmos 19: 12-14
Caminar por la vida implica reconocer que no somos personas perfectas y que a menudo tropezamos sin darnos cuenta. Es fácil señalar las fallas ajenas mientras invisibilizamos las nuestras. La soberbia nos hace creer que siempre tenemos la razón, levantando muros que nos distancian de la comunidad y del amor sincero.
El salmista nos enseña una postura de profunda valentía: la humildad de mirar hacia dentro. Reconocer nuestra vulnerabilidad ante Dios no es para llenarnos de culpa, sino para abrir espacio a la transformación. Al pedir que nuestras palabras y pensamientos sean agradables a Dios, buscamos que lo que habita en lo secreto de nuestro ser resuene con la compasión, la empatía y la paz que queremos sembrar en el mundo.

William Muñiz
Pregunta para reflexionar:
¿Qué has encontrado en tu interior hoy que te puede hacer más humilde?
Dios de gracia, examina nuestro interior y limpia nuestro corazón de la soberbia que nos distancia de ti y del prójimo. Que cada pensamiento y palabra que broten de nuestro ser sean un instrumento de tu paz y un reflejo de tu amor redentor. Amén.
Ve en paz. Camina con la certeza de que Dios guía tus pasos, restaura tu vida y renueva tu esperanza. Sé un reflejo de su amor, luz y gracia para cada persona en tu camino. Amén.
