Tiempo Ordinario
Detente un momento. Respira profundo. El Espíritu de Dios está más cerca de lo que imaginas, moviéndose en tu vida incluso ahora. Abre tu corazón para que puedas escuchar.
Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas partes del mundo. La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua. Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían:—¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas?
Hechos 2:5-8
Uno de los detalles más hermosos del Pentecostés es que cada persona escuchaba en su propio idioma. No era confusión, era conexión. El Espíritu no obliga a todos a hablar igual. Más bien, hace posible que nos entendamos en medio de nuestras diferencias. En un mundo donde hay tantas barreras: idioma, cultura, experiencias, política, esto es profundamente necesario. El Espíritu crea puentes. Estar llenos del Espíritu también significa aprender a escuchar. A prestar atención a las historias de las demás personas. Hacer espacio para que diferentes voces sean escuchadas y valoradas. Entendernos no siempre es fácil. Requiere paciencia, humildad y amor. Pero ahí es donde el Espíritu sigue obrando. Tal vez hoy el llamado no es a hablar más, sino a ser mejores escuchando.

Jhanderys Dotel-Vellenga
Pregunta para reflexionar:
¿A quién necesitas escuchar con más atención en tu vida?
Espíritu de unidad, enséñame a escuchar con amor. Abre mi corazón a las personas que son diferentes a mí. Hazme instrumento de tu paz. Amén.
Sal al mundo con atención y valentía. El Espíritu de Dios va contigo, guiando tus pasos y usando tu vida para traer amor, justicia y esperanza.
