Tiempo Ordinario
Respira profundo y coloca en las manos de Dios todas tus heridas. Ten confianza en la fuerza del amor que Dios pone en ti, suficiente para ayudarte a sanar.
Bendeciré a Dios con toda mi alma; bendeciré con todo mi ser su santo nombre. Bendeciré a Dios con toda mi alma; no olvidaré ninguno de sus beneficios. Dios es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades, quien libra mi vida del sepulcro, quien me colma de amor y ternura, quien me satisface con todo lo mejor y me rejuvenece como un águila.
Salmos 103: 1-5
¿Por qué bendecir? Mi hermana Damaris tiene un podcast y me gusta mucho que siempre comienza con estas palabras, y la cito: “Este podcast te invita a reposar en Dios, a hacer una pausa y rendirte en adoración a Jesús. Descubre la verdadera adoración que nace de un corazón agradecido y de una fe inquebrantable en el Dios que todo lo puede.”
Nos preguntamos cómo podemos bendecir a Dios en el dolor. Esa respuesta me llegó en octubre de 1999, cuando mi padre murió y decidí cantar en su funeral. Sentía un malestar en mi rostro por la tristeza de su partida, lo que me llevaba a pensar que no podría. Luego de lograrlo, descubrí que ese día tuve la alabanza más genuina, porque no dependió de mis fuerzas sino de un corazón agradecido, aun en el peor momento de la vida. Si Dios nos ha perdonado y nos sostiene con su amor y gracia todos los días, ¿cuánto más podemos perdonar si pedimos que el Dios de la ternura trabaje en nuestras emociones, pensamientos y espiritualidad?

Karla Sánchez Rivera
Pregunta para reflexionar: ¿Has visto a Dios obrar en una situación difícil esta semana?
Dios de bondad, reconozco tu amor y tu gracia que obran en mí. Quiero bendecirte con mis palabras, con mi vida y con todo mi ser. Atrae mi corazón al tuyo. Amén.
Reflexiona sobre tu propia vida: ¿Cuál es el papel que asumes? Te invito a perdonar y ser perdonado (a).
