Tiempo Ordinario
Respira profundo y coloca en las manos de Dios todas tus heridas. Ten confianza en la fuerza del amor que Dios pone en ti, suficiente para ayudarte a sanar.
Dios juzga con verdadera justicia a los que sufren violencia. Dio a conocer sus caminos y sus hechos a Moisés y al pueblo de Israel. Dios es tierno y compasivo; es paciente y todo amor. No nos reprende en todo tiempo ni su rencor es eterno; no nos ha dado el pago que merecen nuestras maldades y pecados; tan inmenso es su amor por los que lo honran como inmenso es el cielo sobre la tierra. Nuestros pecados ha alejado de nosotros, como ha alejado del oriente el occidente. El Señor es, con los que lo honran, tan tierno como un padre con sus hijos;
Salmos 103:6-13
Si fuéramos a juzgar desde nuestra humanidad, ninguno ni ninguna estaría exento de fallar. Porque es precisamente nuestra humanidad la que nos lleva a cometer errores, en ocasiones, a herir a los que más amamos. Nos cuesta la reconciliación muchas veces, pensamos y pensamos, rumiamos con la vaca cuando mastica y mastica y no traga, nos cuesta procesar, atrasamos las disculpas, evitamos el diálogo, y vemos las fallas más que a la persona, o a nosotros mismos, inclusive nos cuesta ser autocompasivos, somos duros con los demás y somos duros con nosotros. Pero se puede aprender, se puede dar un paso a la vez, con el referente más auténtico de justicia, nuestro modelo, Jesús de Nazaret. Podemos confiar en que, con un corazón dispuesto, será más fácil desvendar los nudos y abrir el corazón a la justicia y al perdón.

Karla Sánchez Rivera
Pregunta para reflexionar: ¿Qué debes hacer primero para poder perdonar a alguien o pedir perdón?
Oración atribuida a San Francisco de Asís: «Señor, haznos instrumentos de tu paz. Donde haya odio, sembremos amor; donde haya ofensa, perdón; donde haya discordia, unión; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, gozo. Concede que no busquemos ser consolados, sino consolar; ser comprendidos, sino comprender; ser amados, sino amar. Porque dando, es como recibimos; perdonando, es como somos perdonados; y muriendo, es como nacemos a la vida eterna.» Amén.
Reflexiona sobre tu propia vida: ¿Cuál es el papel que asumes? Te invito a perdonar y ser perdonado (a).
