Tiempo Ordinario
Respira profundo y coloca en las manos de Dios todas tus heridas. Ten confianza en la fuerza del amor que Dios pone en ti, suficiente para ayudarte a sanar.
Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:—Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:—No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Mateo 18:21-22
A veces nos cansamos de dar oportunidades y, al igual que Pedro, nos preguntamos: ¿Cuántas veces perdonaré? Es difícil perdonar, es una decisión profunda, pero liberadora. Jesús le contesta con una de sus frases más originales; hoy entraríamos su respuesta al ChatGPT para tener una respuesta inmediata del total de perdones que tenemos que dar. Jesús no responde para que busquemos el total en nuestra mente, sino para que veamos las oportunidades como infinitas, como lo es el mar, como lo son las nubes, como es la arena en nuestras manos. Así como Dios es ancho, alto y profundo, nada puede separarnos de su presencia. Nuestro Dios nos perdona una y otra vez, nos espera en la puerta como el Buen Padre, nos renueva y, cada vez que el sol sale, nos anuncia su misericordia. Ve tú y haz lo mismo. San Ignacio de Loyola decía: «En todo amar y servir», que es el motor para reparar errores y reconciliarse con el prójimo.

Karla Sánchez Rivera
Pregunta para reflexionar: ¿Estás en disposición de perdonar hoy?
Dios bueno, quiero ser obediente a tu llamado, quiero imitarte, quiero poder decir, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Ayúdame en el camino de la vida para ir liviano de cargas y colocar en ti toda herida. Amén.
Reflexiona sobre tu propia vida: ¿Cuál es el papel que asumes? Te invito a perdonar y ser perdonado (a).
