Tiempo Ordinario
Respira profundo y coloca en las manos de Dios todas tus heridas. Ten confianza en la fuerza del amor que Dios pone en ti, suficiente para ayudarte a sanar.
Como Jacob había muerto, los hermanos de José pensaron: «Tal vez José nos odia, y se va a vengar de todo el mal que le hicimos.» Entonces le mandaron a decir: «Antes de que tu padre muriera, nos ordenó que te dijéramos: “Por favor, te pido que perdones la maldad y pecado de tus hermanos, que tan mal te trataron.” Por eso te rogamos que perdones nuestra maldad, pues somos siervos del Dios de tu padre.» Mientras los mensajeros le daban este mensaje, José lloraba.
Génesis 50:15-17
La historia de José es una de las más interesantes de la Biblia, y lo mejor de ella es que podemos vernos reflejados en su vida. Cuántos conflictos existen entre hermanos y hermanas, cuántas familias tienen historias marcadas por celos, envidias, problemas y heridas, muchas de ellas sin resolver ni sanar. Tal vez los hermanos de José se vieron obligados a buscarlo debido a su situación de necesidad. Pero lo más importante es el corazón de José, vulnerable, herido, pero agradable a Dios y dispuesto a perdonar. Por primera vez, sus hermanos reconocen su falta y José no aprovecha el momento para la venganza, sino para la sanidad. Este relato nos enseña que no podemos perder nuestra esencia de bondad, porque Dios nos ayuda en nuestra historia de vida para ser reivindicados y, a la vez, tener una nueva oportunidad para transformar una experiencia y darle un nuevo significado.

Karla Sánchez Rivera
Pregunta para reflexionar: ¿Tienes un conflicto por resolver en tu vida, necesitas pedir perdón porque has ofendido o debes abrir el corazón para perdonar?
Dios, permíteme tener la paz para perdonar y no manchar mi corazón. Ayúdame a encontrar en tu amor y justicia lo que mi corazón necesita hoy. Amén.
Reflexiona sobre tu propia vida: ¿Cuál es el papel que asumes? Te invito a perdonar y ser perdonado(a).
