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Acércate. Dios te está renovando, moldeando y transformando incluso ahora mismo.
«¡Date prisa! Vuelve con tu padre. Dile que esto es lo que dice tu hijo José: “Dios me ha hecho señor de todo Egipto. Ven a verme. No te demores”.
«Te ayudaré allí, para que ni tú, ni tu familia, ni nadie que esté contigo pase hambre, ya que la hambruna aún durará cinco años».
Se echó a los brazos de su hermano Benjamín y se echó a llorar, y Benjamín lloró apoyando la cabeza en su hombro. Besó a todos sus hermanos y lloró mientras los abrazaba. Después de eso, sus hermanos por fin pudieron hablar con él.
Génesis 45:9, 11, 14-15
Hay heridas que se nos quedan grabadas más tiempo de lo que esperamos. Un comentario duro, una promesa incumplida o una traición pueden seguir rondándonos por la cabeza mucho tiempo después de que hayan pasado. Puede que no queramos cargar con esas heridas, pero dejarlas atrás puede parecer imposible
Esa fue la lucha de José. Sus hermanos le habían hecho mucho daño y, años más tarde, se reencontró con ellos en Egipto, cuando venían a pedirle ayuda en tiempos de hambruna. Por fin tenía el poder para vengarse. Pero, en lugar de eso, eligió otro camino. Abrazó a sus hermanos, lloró con ellos y empezó a reconstruir lo que se había roto.
Perdonar no es fácil. No es olvidar, justificar ni fingir que nunca te hicieron daño. Es decidir no dejar que el pasado arruine el futuro. A menudo, el perdón empieza con pequeños pasos: rezar por alguien, dejar de lado el rencor o pedirle a Dios la fuerza para seguir adelante. Cuando damos esos pasos, Dios puede transformar nuestras heridas en lugares donde empiezan a crecer la sanación y la gracia, incluso cuando quizá aún no estemos preparados para perdonar del todo.

Aaron Shoppa
Pregunta para reflexionar:
¿Qué dolor te puede estar pesando y qué pequeño paso hacia el perdón podrías dar hoy?
Oh, Sanador, tú conoces el dolor que llevo dentro. Transforma mi corazón, ayúdame a dar pequeños pasos hacia el perdón y dame el valor para dejar atrás el rencor y seguir adelante con esperanza. Amén.
Dios ya te ha dado lo que necesitas. Sal renovado y preparado para transformar el mundo a través del amor de Dios.
