Tiempo Ordinario
Respira. No tienes que demostrar que eres fuerte, saberlo todo, ni tener siempre la razón. Haz espacio para Dios.
Así que, si Cristo les ha dado el poder de animar, si el amor los impulsa a consolar a otros, si todos participan del mismo Espíritu, si tienen un corazón compasivo, llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito. No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.
Filipenses 2:1-4
“¿Y yo qué gano?” Aunque quizás nunca hayas dicho esas palabras, es fácil pensar así. Muchas veces queremos tener el mejor lugar, recibir reconocimiento o lograr que nuestra opinión sea la que prevalezca. Las redes sociales incluso pueden hacernos pensar que todo gira alrededor de nuestros gustos, nuestras fotos y nuestras experiencias.
En el libro de Filipenses, Pablo presenta una manera diferente de vivir. Invita a no hacer las cosas por orgullo o egoísmo, sino a considerar a las demás personas y preocuparnos también por sus necesidades. Eso requiere humildad; ser humilde no significa pensar que tienes poco valor ni permitir que otras personas te hagan daño. Significa reconocer que tú tienes valor y que quienes están a tu alrededor también lo tienen. A veces, una de las maneras más poderosas de demostrar nuestra fe es dejar de preguntarnos: ¿qué quiero yo? para comenzar a preguntar: ¿qué necesita la persona que está a mi lado? El poder puede llamar la atención; la humildad puede transformar una relación.

Lilybeth Bosch
Pregunta para reflexionar:
¿En qué situación puedes dejar de pensar solamente en ti y considerar las necesidades de otra persona?
Dios, ayúdame a reconocer cuando estoy pensando solamente en mí. Enséñame hoy a mirar con amor la necesidad de los que me rodean. Amén.
Que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.
Miqueas 6:8b DHH
