Tiempo Ordinario
Respira. No tienes que demostrar que eres fuerte, saberlo todo, ni tener siempre la razón. Haz espacio para Dios.
Pueblo mío, atiende a mi enseñanza; ¡inclínate a escuchar lo que te digo! Voy a hablar por medio de refranes; diré cosas que han estado en secreto desde tiempos antiguos. Lo que hemos oído y sabemos y nuestros padres nos contaron, no lo ocultaremos a nuestros hijos. Con las generaciones futuras alabaremos a Dios y hablaremos de su poder y maravillas.
Salmos 78:1-4
En mi familia hay historias que he escuchado tantas veces que casi puedo contarlas de memoria. Algunas provocan risas y otras recuerdan momentos difíciles que logramos superar. Quizás en tu familia también existen esas historias que comienzan con: “Cuando yo tenía tu edad…”. Aunque a veces pensemos: “¡Ya me las sé!”, esas historias nos ayudan a entender de dónde venimos.
El salmista también sabía el valor de contar historias. Por eso invita al pueblo a escuchar y a no esconder de las nuevas generaciones lo que habían aprendido acerca del poder y las maravillas de Dios. Tú también eres parte de una historia. Quizás alguien te habló de Dios, oró contigo o te acompañó cuando más lo necesitabas. Pero la historia no termina ahí, ahora tú puedes contarla. No necesitas un micrófono, miles de seguidores, ni conocer todas las respuestas. Con humildad, puedes compartir lo que Dios ha hecho en tu vida. Tu historia puede convertirse en esperanza para alguien más.

Lilybeth Bosch
Pregunta para reflexionar:
¿Qué historia acerca del poder de Dios te gustaría compartir con otras personas?
Dios, gracias por las personas que me han contado de tu poder. Ayúdame a compartir con humildad lo que has hecho en mí. Amén.
Que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.
Miqueas 6:8b DHH
