Tiempo Ordinario
Dichosos los que buscáis un lugar apartado donde descansar.
El Señor es mi pastor. Nada me falta. Él me deja descansar en praderas herbosas me conduce a aguas tranquilas me mantiene vivo. Me guía por senderos adecuados por amor a su buen nombre.
Salmo 23:1-3
Antes de que los deportistas empezaran a competir en mi universidad, había un cartel que decía: «¡Dalo todo hoy por (nombre de la universidad)!». Se esperaba que rindieras al máximo y que acabaras la competición sin nada más que dar. Hacer menos no era suficiente. Ganaras o perdieras, la tarea pasaba entonces a ser recuperarse para la siguiente competición; además, si perdías, te asaltaban las dudas de si habías dado lo suficiente.
La lectura de hoy es un salmo sobre la suficiencia.
El salmista nos dice que, con Dios, no nos quedamos vacíos. No nos falta nada. La reputación de Dios depende de eso. Dios es un creador, y la generosidad de la creación nos da vida: el olor y la suavidad de la hierba fresca, el sonido y el frescor de las aguas, y en el arte, como la poesía que los propios salmistas se sintieron inspirados a escribir. Dios nos ama. Somos suficientes, porque Dios no nos dejará con carencias.

Jenny Oliver Hinderer
Pregunta para reflexionar:
¿Cómo te ha recordado Dios que eres suficiente?
Fuente de Vida, refréscame con las obras con las que me has rodeado, para que ya no tenga sed. Estaré satisfecho y contento. Será suficiente. En el nombre del Señor, que es agua viva. Amén.
A medida que pasen las horas del día de mañana, la calma y el ajetreo se alternarán.
Dios está cerca. Dios renueva. Instante a instante. Cada instante para el siguiente.
