Tiempo Ordinario
Dichosos los que buscan un lugar apartado donde descansar.
Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.
Mateo 11:28-30
A veces, Jesús habla de una forma que parece no tener sentido. Jesús sabe que quienes escuchan su voz tienen que lidiar con circunstancias, responsabilidades, penas y preocupaciones que no son nada fáciles. Entonces Jesús dice: «¡Tengo un yugo para ti!»
Los yugos son algo que llevan los animales de granja, colocados de hombro a hombro, y tampoco pesan precisamente poco. ¿Por qué iba Jesús a sugerir algo más, bueno, pesado?
El yugo aprovecha la energía y la fuerza de un animal más fuerte para ayudar a otro. Jesús te está diciendo: «Tengo la fuerza suficiente para ayudarte». ¡Hagámoslo juntos! Además, no siempre te pediré ni esperaré que hagas un esfuerzo enorme en todo momento. El trabajo que te pido que hagas es humilde. Los pequeños gestos también son valiosos. Cuando trabajemos juntos, no te agotaré.

Jenny Oliver Hinderer
Pregunta para ponderar:
Dado que Jesús no quiere que realicemos la labor de servicio solos, ¿quiénes son, en tu comunidad, las personas que te han apoyado y que comparten esta labor contigo?
Jesús, tus hombros han soportado el peso del mundo. Quita de mis hombros el peso que llevo, para que, al sentir la suavidad de tu yugo, pueda sentir cómo se renuevan mis fuerzas y la facilidad con la que podemos seguir realizando tus buenas obras. Te lo pedimos en tu nombre. Amén.
A medida que pasen las horas del día de mañana, la calma y el ajetreo se alternarán.
Dios está cerca. Dios renueva. Instante a instante. Cada instante para el siguiente.
