Tiempo Ordinario
Inhala y di: Te tengo a Ti, Dios.
Exhala y di: Lo tengo Todo.
Entonces mandó a la multitud que se sentara sobre la hierba. Luego tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, pronunció la bendición y partió los panes, los dio a los discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos; recogieron los pedazos sobrantes, y con ellos llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Mateo 14:19-21
Jesús tomó lo que sus discípulos habían traído: cinco panes y dos pescados para una multitud ya acomodada. La abundancia del Reino salió a relucir. De lo poco salía mucho, y los discípulos continuaban repartiendo. Canasta tras canasta, parecía no acabar. La mesa estaba servida para más de cinco mil personas. Había comida para recibir, comer y disfrutar hasta quedar satisfechos. Incluso sobró.
¡Qué imagen del Reino!
La abundante mesa del Rey en medio de un inesperado escenario nos recuerda que el Reino tiene para satisfacer, saciar, compartir. Y sí, también sobra. La bendición de Dios radica en la generosidad abundante del Reino. Se derrama en provisión para quienes, por gracia, se encuentran sentados a la mesa. No se trata solo de recursos, sino de vida, florecimiento y bendición fundamentada en la presencia del Rey, quien sirve la mesa en medio nuestro. Ven, siéntate en la mesa del generoso Rey e invita a otros: aquí hay y sobra.

Gabriela Martínez Seda
Pregunta para reflexionar:
¿Qué me impide disfrutar de la mesa que Jesús prepara para mí?
Dios, tú eres un anfitrión generoso. ¡Gracias por dar en abundancia tu presencia, amor, sustento y plenitud! Ayúdame a disfrutar de la abundancia desde el Reino y amar desde esa generosidad. Amén.
Que tu vida sea un retrato del Reino,
Que otros puedan ver en ti cómo se ve una vida bajo la bendición de la presencia y la provisión de Dios.
Ama, responde y sirve desde la abundancia de Jesús.
