Tiempo Ordinario
Inhala y di: Te tengo a Ti, Dios.
Exhala y di: Lo tengo Todo.
Todos los que tengan sed, vengan a beber agua; los que no tengan dinero, vengan, consigan trigo de balde y coman; consigan vino y leche sin pagar nada. ¿Por qué dar dinero a cambio de lo que no es pan? ¿Por qué dar su salario por algo que no deja satisfecho? Óiganme bien y comerán buenos alimentos, comerán cosas deliciosas. Vengan a mí y pongan atención, escúchenme y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, cumpliendo así las promesas que por amor hice a David.
Isaías 55:1-3
La economía del mundo funciona según lo que tenemos. Todo tiene un costo, incluso, cuando dice ser gratis. La economía del Reino de Dios es completamente diferente. No se basa en aquello que tenemos o podemos traer a la mesa, sino que descansa en la generosa y abundante provisión de Dios. En el mundo, la necesidad es vergonzosa. No nos gusta admitir lo que necesitamos. En el Reino, reconocer nuestra necesidad de sed, de comida o de provisión es el requisito para acercarnos a quien generosamente nos dice: ven a mí. Dios, en su generosidad, libremente nos entrega todo lo que necesitamos; empezando por su presencia. Porque, verdaderamente, si tenemos a Dios, lo tenemos todo.

Gabriela Martínez Seda
Pregunta para reflexionar:
¿Qué estás buscando que solo Dios puede suplir?
Dios, gracias por tu abundante provisión. Gracias por tu generosidad. Ayúdame a reconocer mi necesidad y a acudir a ti, tú, quien eres, quien verdaderamente puede satisfacerme. Amén.
Que tu vida sea un retrato del Reino,
Que otros puedan ver en ti cómo se ve una vida bajo la bendición de la presencia y la provisión de Dios.
Ama, responde y sirve desde la abundancia de Jesús.
