Tiempo Ordinario
Cuando reconozco quién es Dios, le adoro con alegría, mi corazón se llena de gratitud, y confío que su presencia me acompaña cada día.
Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, y los recordamos en nuestras oraciones. Continuamente recordamos qué activa ha sido su fe, qué servicial su amor y qué fuerte en los sufrimientos su esperanza en nuestro Señor Jesucristo, delante de nuestro Dios.
1 Tesalonicenses. 1:2-3
Una de las mejores noticias que he recibido, es saber que hay alguien que está orando por mí. ¿Alguna vez alguien te lo ha expresado? El hecho de que alguien constantemente ore por mí, demuestra que tiene interés en mi bienestar, pues habla nada más y nada menos que con el Dios todopoderoso. Ahora, imagina cómo se sintieron los Tesalonicenses, al escuchar que están activamente orando por ellos. Lo mismo puede ocurrir cuando oras por tu prójimo. Es posible que lleves tiempo orando por tu familia o amistades, pero te has preguntado ¿lo sabrán? En ocasiones, tememos comentarlo, pues no queremos sonar arrogantes o «super espirituales.» Sin embargo, dejarles saber que estás orando por ellos puede marcar la diferencia en sus vidas pues demuestras el cuidado a través de la oración. Incluso, esa puede ser la respuesta que tanto esperaban.

Luis F. Campos
Pregunta para reflexionar:
¿Por quién estás orando esta semana, le dejarás saber?
Dios, gracias por todos aquellos que oran constantemente por mí. Ayúdame también a orar por otros y hacerles saber que tu tienes el poder de transformar sus circunstancias. Amén.
Procura que todo lo que hagas, todo lo que digas y todo lo que pienses honre a Dios y refleje su gloria.
