Tiempo Ordinario
Cuando reconozco quién es Dios, le adoro con alegría, mi corazón se llena de gratitud, y confío que su presencia me acompaña cada día.
¡Dios es Rey! ¡Tiene su trono sobre los querubines! Tiemblen las naciones, y aun la tierra entera. Alaben a nuestro Dios, ¡arrodíllense ante su santo monte! ¡Nuestro Dios es santo!
Salmos 99:1,9
Dios es fiel, eso significa que siempre cumple sus promesas. A lo largo de las Escrituras, vemos numerosos ejemplos de hombres y mujeres que experimentaron la fidelidad de Dios. El salmista reconoce la fidelidad de Dios con Israel a lo largo de diferentes generaciones. Pero si tomas un tiempo para pensar en tu vida, o tan solo esta pasada semana y cómo has experimentado la fidelidad de Dios, descubrirás que, como dice el cántico, “Tu fidelidad sigue persiguiéndome”. Históricamente, los reyes perseguían a sus enemigos o aquellos a quienes deseaban destruir. Pero nuestro Rey, el Rey de Reyes, constantemente nos persigue para bendecirnos y para mostrar su fidelidad a nuestra vida. Imagina por un momento encontrarte cara a cara con el Rey de reyes, ¿cómo reaccionarás? Alabar, agradecer y reconocer que solo a Dios, merece toda gloria, son solo algunas maneras de reaccionar ante el Rey.

Luis F. Campos
Pregunta para reflexionar:
¿Qué harías delante del Rey?
Dios, ayúdame a adorarte siempre, quiero reconocer que tú eres el Rey de mi vida y que solo tu mereces toda gloria. Amén.
Procura que todo lo que hagas, todo lo que digas y todo lo que pienses honre a Dios y refleje su gloria.
