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Respira hondo. Mientras inhalas, llena tus pulmones de la esperanza, la paz y el amor renovadores de Dios.
Mientras exhalas, deja ir el miedo, la presión, las dudas y la ansiedad.
En este momento, recuerda: Dios está cerca y no estás solo.
Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras él despedía a la gente. Cuando la hubo despedido, Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo,
Mateo 14:22-23
Jesús está rodeado de multitudes mientras enseña y cura. Está agotado. Les dice a los discípulos que se vayan y sube solo a la montaña para rezar y volver a conectar con Dios.
Jesús sabía lo importante que era hacer una pausa antes de seguir adelante. Sabía que el descanso, la tranquilidad y la oración no eran distracciones de la vida, sino que formaban parte de lo que le ayudaba a mantener los pies en la tierra y a renovarse.
Vivimos en un mundo lleno de ruido constante y distracciones que nos quitan la atención. Los móviles no paran de vibrar, las agendas se llenan y nuestra mente puede sentirse saturada incluso cuando estamos solos. A veces pasamos de una cosa a otra sin detenernos nunca lo suficiente para respirar o reflexionar. Puede resultar agotador.
Si no tenemos cuidado, cada minuto de nuestro día puede llenarse de ruido y distracciones. A veces nos sentimos tan presionados por quedar con amigos o añadir una actividad más a nuestra agenda que no damos prioridad a los momentos para descansar y recargar pilas. Dios puede obrar en cualquier situación, pero cuando nos alejamos del ruido, nos damos el espacio y la oportunidad de notar la presencia de Dios, nuestros propios pensamientos y lo que de verdad importa.

Kristen Koger
Pregunta para reflexionar:
¿Qué distracciones o ruidos te dificultan bajar el ritmo y volver a conectar con Dios, contigo mismo o con los demás?
Dios, ayúdame a bajar el ritmo y a alejarme del ruido que llena mi vida. Renueva mi corazón y mi mente en los momentos de tranquilidad y descanso. Enséñame a hacer espacio para tu presencia cada día. Amén.
Empieza este día renovado en mente, corazón y espíritu.
Que puedas sentir la presencia de Dios en los momentos de tranquilidad, confiar en Él en medio de las tormentas de la vida y recorrer tu camino con valentía, compasión y paz.
Y que recuerdes que, vayas donde vayas, nunca estás solo.
