Tiempo Ordinario
«Tener fe es recordar y esperar, y esperar con esperanza es que lo que esperamos ya empiece a hacerse realidad en nosotros a través de nuestra propia esperanza».
– Frederick Buechner
Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, se juntaron alrededor de Aarón y le dijeron:—Anda, haznos dioses que nos guíen, porque no sabemos qué le ha pasado a este Moisés que nos sacó de Egipto.
Y Aarón les contestó:—Quítenles a sus mujeres, hijos e hijas, los aretes de oro que llevan en las orejas, y tráiganmelos aquí.
Todos se quitaron los aretes de oro que llevaban en las orejas, y se los llevaron a Aarón, quien los recibió, y fundió el oro, y con un cincel lo trabajó hasta darle la forma de un becerro. Entonces todos dijeron:—¡Israel, éste es tu dios, que te sacó de Egipto!
Éxodo 32:1-4
Todo el asunto del becerro de oro se podría haber evitado si la gente hubiera tenido un poquito de paciencia. La historia empieza así: «El pueblo vio que Moisés tardaba mucho en bajar de la montaña». Para esta gente, que acababa de escapar de la esclavitud en Egipto, Moisés era el representante de Dios, y como él estaba arriba en esa montaña hablando con Dios, se impacientaron y se inquietaron, y decidieron pedirle a Aarón que sustituyera a Moisés y, por extensión, a Dios.
En nuestras vidas, a veces puede parecer que, cada vez que Dios obra y actúa a lo grande, nos acostumbramos a ello. Así que, cuando hay momentos en los que no vemos a Dios obrando, buscamos cosas que sustituyan esa obra divina. A menudo, nuestra impaciencia nos lleva a fabricarnos nuestros propios becerros de oro.

Chuck Powell
Pregunta para reflexionar:
¿Qué cosas, personas o ideas solemos poner en lugar de Dios cuando nos parece que tarda demasiado en actuar?
Dios, dame la paciencia para esperar en ti, para que pueda seguir viendo cómo actúas en mi vida. Amén.
Adelante, sin olvidar nunca lo que ha hecho nuestro Dios fiel.
