Tiempo Ordinario
Respiro profundo y me detengo en la presencia de Dios. Dejo a un lado mi propia prisa y abro el corazón para dejarme guiar por su verdad.
Acuérdate del sábado, para consagrarlo a Dios. Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer. Porque Dios hizo en seis días el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo. Por eso Dios bendijo el sábado y lo declaró día sagrado.
Éxodo 20: 8-9, 11
En una sociedad que mide nuestro valor por la productividad, el cansancio se ha convertido en una medalla de honor. Nos exigimos rendir al máximo sin descanso, como si la vida fuera una carrera sin pausas. Olvidamos que el primer acto de Dios tras crear el universo no fue producir más, sino detenerse a contemplar la belleza de lo creado y descansar.
El mandamiento del reposo no es un premio que se gana tras el esfuerzo, sino un derecho sagrado y una práctica de resistencia divina. Santificar el tiempo libre es reconocer que nuestra identidad radica en ser amados por Dios, no en lo que logramos producir. Detener la marcha es un acto de fe que nos recuerda que el mundo no depende de nuestras fuerzas, sino del cuidado amoroso del Creador.

William Muñiz
Pregunta para reflexionar:
¿De qué necesitas descansar? ¿Cómo puedes ayudar a otras personas a resistir con el descanso?
Dios de la creación, enséñanos a soltar la prisa y el afán de control. Bendice nuestros momentos de descanso y recarga nuestras fuerzas para que aprendamos a habitar el tiempo presentes con gratitud, paz y contemplación. Amén.
Ve en paz. Camina con la certeza de que Dios guía tus pasos, restaura tu vida y renueva tu esperanza. Sé un reflejo de su amor, luz y gracia para cada persona en tu camino. Amén.
