Journey to the Cross
Hay lugares en tu vida que se sienten secos, vacíos, como huesos sin vida. Respira. Dios ya está ahí, en ese lugar exacto. Descansa un momento en la presencia de quien hace nuevas todas las cosas.
Con toda mi alma espero al Señor, y confío en su palabra. Yo espero al Señor más que los centinelas a la mañana. Así como los centinelas esperan a la mañana, espera tú, Israel, al Señor, pues en él hay amor y completa libertad.
Salmos 5-7
Esperar es probablemente una de las cosas más difíciles que existen. Esperar los resultados de un examen, esperar a que alguien te responda el mensaje, esperar a que las cosas mejoren cuando todo parece ir mal. Vivimos en un mundo donde todo es instantáneo: la comida, las respuestas, el entretenimiento… y cuando algo nos hace esperar, nos desesperamos.
Pero fíjate en la imagen que usa el salmista: como un guardia nocturno esperando el amanecer. Ese guardia no duda de que el sol va a salir. No se pregunta “¿y si hoy no amanece?” Sabe con certeza que la mañana viene. La espera no es sobre si Dios va a aparecer. Es sobre confiar en que ya está en camino. Y mientras esperamos, no estamos solos en la oscuridad. El salmista nos recuerda que en Dios hay “amor inagotable.” Un amor que no se acaba, que no se cansa de ti, que no tiene fecha de vencimiento. Eso es lo que nos sostiene mientras esperamos.

Leila Ortiz
Pregunta para reflexionar: ¿Qué estás esperando en tu vida ahora mismo, y cómo cambia saber que el amor de Dios te acompaña en esa espera?
Dios paciente, enséñame a esperar con confianza, sabiendo que tú nunca llegas tarde. Cuando la espera se siente eterna, recuérdame que tu amor inagotable me sostiene cada segundo. Amén.
Renovado/a por el aliento de Dios que levanta lo caído y da vida a lo que parecía muerto, sal al mundo con valentía y ternura. Alguien necesita escuchar hoy que la esperanza no ha terminado.
