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Respira hondo. Mientras inhalas, llena tus pulmones de la esperanza, la paz y el amor renovadores de Dios.
Mientras exhalas, deja ir el miedo, la presión, las dudas y la ansiedad.
En este momento, recuerda: Dios está cerca y no estás solo.
Y el Señor le dijo: «Sal fuera y quédate de pie ante mí, sobre la montaña.» En aquel momento pasó el Señor, y un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña y partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto; pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado.
1 Reyes 19:11-12
Elías había llegado a un punto crítico. Estaba agotado, desanimado, abrumado y sin saber qué hacer a continuación. Cuando Dios se acercó, Elías esperaba algo espectacular e inconfundible: un viento fuerte, terremotos o fuego. Pero, en cambio, la voz de Dios llegó en medio del silencio.
Eso puede resultar extraño en un mundo en el que lo más ruidoso suele parecer más importante. Estamos rodeados de ruido constante: música, vídeos, opiniones, presión, horarios y expectativas. El silencio puede incluso resultar incómodo. Pero, a menudo, la renovación empieza cuando bajamos el ritmo lo suficiente como para darnos cuenta de lo que siempre ha estado ahí.
Vivo cerca del Parque Nacional de Shenandoah. Una de las cosas que más me gusta hacer en mis días libres es buscar un mirador donde no haya nadie y sentarme a disfrutar del silencio. Al principio, el silencio me resulta un poco inquietante, pero al cabo de unos minutos mi mente se calma y poco a poco vuelvo a sentir paz. Siempre vuelvo a casa sintiéndome renovado y con las pilas recargadas.
Quizá tú también hayas vivido algo así: un paseo tranquilo, una puesta de sol o un momento de calma al final de un largo día. A veces son esos momentos los que más nos hacen sentir la presencia de Dios. No te olvides de reservar un rato para ellos en tu día a día.

Kristen Koger
Pregunta para reflexionar:
¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de un silencio auténtico y qué te llamó la atención en ese momento?
Dios, ayúdame a bajar el ritmo lo suficiente como para darme cuenta de tu presencia. Renueva mi corazón en los momentos de calma y silencio. Enséñame a escuchar tu voz más allá de todo el ruido que me rodea. Amén.
Empieza este día renovado en mente, corazón y espíritu.
Que puedas sentir la presencia de Dios en los momentos de tranquilidad, confiar en Él en medio de las tormentas de la vida y recorrer tu camino con valentía, compasión y paz.
Y que recuerdes que, vayas donde vayas, nunca estás solo.
