Tiempo Ordinario
Creado, visto, amado, confiado, enviado.
Esta es la relación que tenemos con quien nos creó.
Esto es lo que Dios ha hecho por nosotros y nosotras.
Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.
Mateo 28:18-20
Mientras los discípulos contemplan boquiabiertos a Jesús en la cima del monte, viéndole por primera vez desde la resurrección, unos se dejan llevar por la adoración y otros por la duda.
Pero Jesús ni siquiera aborda el hecho de que está vivo y no muerto. En lugar de ello, encomienda a sus discípulos una misión: ir a enseñar a los demás las lecciones que han recibido de él.
Si antes pensaban que tenían dudas, esto les habrá traído un conjunto de dudas totalmente nuevo. ¿Cómo podemos hacer eso? No somos Jesús, y mira lo que le ocurrió cuando intentó compartir su mensaje. Jesús les ofrece la seguridad de que no estarán solos. Él estará con ellos, les sostendrá y les proveerá.
Y Jesús hace esa misma promesa a aquellos de nosotros que queremos aceptar esta llamada a compartir lo que hemos recibido y aprendido de él. Él nos envía y también va con nosotros.

Chad Senuta
Pregunta para ponderar:
¿Qué sientes al considerarte un discípulo llamado a compartir las enseñanzas de Jesús con los demás?
Jesús, me pides que vaya. Ayúdame a hacerlo fielmente, compartiendo tus enseñanzas con los demás a través de mis acciones y palabras. Recuérdame que siempre estás conmigo. Amén.
Ve con seguridad, porque no puedes ir donde no está Dios.
Ve con amor, porque sólo el amor de Dios perdura.
Ve con paz, porque ése es el don de Dios para aquellos cuyos corazones y mentes están en Cristo Jesús.
