Tiempo Ordinario
Respira profundo y coloca en las manos de Dios todas tus heridas. Ten confianza en la fuerza del amor que Dios pone en ti, suficiente para ayudarte a sanar.
Mi canto es al Señor, quien es mi fuerza y mi salvación. Es mi Dios, y he de alabarlo; es el Dios de mi padre, y he de enaltecerlo. Oh, Señor, ¡ningún dios puede compararse a ti! ¡Nadie es santo ni grande como tú! ¡Haces cosas maravillosas y terribles! ¡Eres digno de alabanza!
Éxodo 15:2-11
Te invito a reflexionar sobre la gracia de reconocer cuán grande es Dios. La grandeza de Dios no se limita a un poder para hacer todo. La grandeza de Dios también se manifiesta al darnos confianza y fe, que se transmiten a lo largo del tiempo. Una vez leí que hablar de Dios, hacer teología, es una manera de pensar la vida». (Gesché, 1995)
La Biblia expresa cómo las hazañas, la protección divina y la grandeza de Dios fueron transmitidas por la familia, a través del acto de sentarse a escuchar las obras y milagros de un Dios que transformó sus vidas, desde una mirada comunitaria, familiar y holística. Para ellos, su Dios era el centro de la vida misma, de las acciones de toda la familia y de la salvación de todo un pueblo. Jesús fue nuestro modelo para acercarnos a Dios, en adoración, siempre fue dirigido por amor y obediencia en todo momento. Nuestra alabanza a Dios no solo implica las canciones que cantamos en el templo, sino también cómo tratamos a las demás personas, cómo intentamos mejorar como seres humanos y el impacto que queremos tener en la comunidad. Reconocer que Dios es el Dios de mi vida no es algo lejano, sino ver a Dios en lo más cercano y vulnerable que puedo ser.

Karla Sánchez Rivera
Pregunta para reflexionar: ¿Por qué cosas sencillas alabas a Dios este día?
Dios, dame un corazón agradecido para honrarte, reconocerte y bendecirte. Con mis labios, con mi vida y con todo lo que soy. En el nombre poderoso de Jesús, Amén.
Reflexiona sobre tu propia vida: ¿Cuál es el papel que asumes? Te invito a perdonar y ser perdonado (a).
