Tiempo Ordinario
Respira. No tienes que demostrar que eres fuerte, saberlo todo, ni tener siempre la razón. Haz espacio para Dios.
Dios, muéstrame tus caminos; guíame por tus senderos; guíame, encamíname en tu verdad, pues tú eres mi Dios y Salvador. ¡En ti confío a todas horas!
Dios, acuérdate del amor y la ternura que siempre nos has manifestado, pero no te acuerdes de mis pecados ni del mal que hice en mi juventud. Dios, acuérdate de mí, por tu gran amor y bondad.
Salmos 25:4-7
Cuando utilizamos una aplicación de navegación y tomamos una calle equivocada, rápidamente aparece una nueva ruta. No importa cuánto insistamos en seguir por donde queremos; si deseamos llegar al destino correcto, en algún momento tendremos que aceptar la dirección indicada.
En la vida también queremos escoger nuestro propio camino. A veces creemos saber qué decisión tomar, qué amistad nos conviene o cómo resolver un problema. Reconocer que necesitamos dirección puede ser difícil porque significa aceptar que no tenemos todas las respuestas.
En el Salmo 25 encontramos una petición llena de humildad: conocer los caminos de Dios, aprender y recibir dirección. El salmista reconoce sus errores del pasado, pero también confía en el amor y la compasión de Dios. Tal vez hoy estás frente a una decisión y no sabes hacia dónde ir. No tienes que conocer todo el camino; la humildad comienza diciendo: “Dios, enséñame”. Hay poder en reconocer que necesitamos dirección y en permitir que Dios transforme nuestra ruta.

Lilybeth Bosch
Pregunta para reflexionar:
¿En qué área de tu vida necesitas pedirle a Dios: “Enséñame el camino”?
Dios, reconozco que no tengo todas las respuestas. Muéstrame el camino que debo seguir en…Amén.
Que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.
Miqueas 6:8b DHH
